"De emociones y Distopías"

 

La fugacidad de la vida y el hecho de que todos moriremos dejando lo terrenal atrás, independientemente de nuestra posición social, es algo que se refleja en las vánitas, un tipo de bodegón que tuvo especial calado en el Barroco. El nombre proviene de una cita del libro de Eclesiastés: “Vanitas vanitatum omnia vanitus”. Aunque este término latino se traduce por vanidad, no se refiere al orgullo o a la soberbia, sino que hace alusión a lavacuidad.
Son estas pinturas una reflexión acerca de lo efímero de la existencia humana, poniendo atención, por un lado, en la idea del carpe diem; y por el otro (más marcado por lo religioso), en lo inútil de preocuparnos por lo material, cuando lo verdaderamente importante es prepararnos para el inevitable más allá.

Algunos de los elementos iconográficos característicos son las calaveras, alusión directa a la muerte; frutas pasadas y flores cuyos pétalos pueden caer; relojes marcando el inexorable paso del tiempo; velas que representan la fragilidad de la vida, que con un soplido se puede apagar. Es muy habitual que aparezcan objetos de lujo (coronas, joyas o pieles, también monedas…); la representación de estos elementos tiene el objetivo de recordarnos que el poder y la cantidad de bienes que atesoremos no nos librarán de ser alcanzados por la guadaña.

Esta es una colección que, en ocasiones toma prestadas del Barroco algunos elementos de la Vanitas más conocidas o construye con elementos de aqui y allá una nueva.

Los personajes, básicamente tomados de fotografías de los años 40, 50 o 60, ocupan espacios, en algunos casos distópicos, abandonados o destruidos que sirven de escenario sobre los que construir parte de sus recorridos vitales.